Las ventajas de contar con tu manuscrito corregido al evaluar su publicación

Punto final. Terminaste de escribir tu primer libro. No lo podés creer. Ya está. Sentís una mezcla de emociones: felicidad, expectativa, pero también, bastante inseguridad… ¿Habrá alguna editorial interesada en publicarlo? ¿Cómo saber si realmente está bien escrito?

Te encantaría tener una varita mágica para verlo publicado mañana mismo, pero sos consciente de que el manuscrito es como un diamante en bruto. Hay que pasar a la segunda fase: corregirlo. Ya sea para contactar a un editor que lo evalúe o para autopublicarlo, el texto no debe tener inconsistencias. Un texto con errores no conecta con quien lo está leyendo, y esto es lo último que desearías.

¿Por qué es tan importante la corrección de estilo?

Te dará confianza

Si se trata de tu primer libro, es inevitable sentir inseguridad. Muchos escritores que recién comienzan suelen pedirles a sus amigos o a familiares que lean el manuscrito y les den una devolución. Por supuesto, hay excepciones, pero, en general, es frustrante, ya sea porque nunca reciben una respuesta o porque la devolución no es sólida. Puede ser por desconocimiento o por el compromiso de decir algo que les «caiga bien».

Aquí es donde entra en juego el rol del corrector profesional. Después de tanto trabajo, merecés que tu texto sea analizado por alguien que esté realmente capacitado para apreciarlo y hacer las observaciones pertinentes.

Te hará ganar tiempo

Algunos escritores recorren las grandes editoriales y no se dan por vencidos hasta lograr que una les publique su obra. Otros prefieren autogestionar la publicación, y aun la difusión y la venta. En cualquiera de los dos casos, tener la obra corregida te ayuda a avanzar en la concreción de la publicación, estar listo para tomar la mejor oportunidad que se presente.

Reflejará si es necesario hacer cambios, considerando al potencial lector

Si al corrector se le presentan dudas, por ejemplo, de interpretación, te las comentará las veces que sea necesario, a fin de resolverlas. La idea es evitar que esto le suceda al lector.

El corrector sabe que no es coautor de tu obra y tiene que limitarse a detectar los errores que encuentre. Debe conocer muy bien la normativa de la lengua española para poder fundamentar sus observaciones de acuerdo con bibliografía actualizada.

Te brindará un texto libre de distractores

Tu principal meta es que muchos lectores puedan disfrutar de la lectura de tu obra, que exista una verdadera conexión entre ellos y el texto. Pero esto no se logra si existen errores que los distraen, los confunden.

Los distractores pueden ser errores gráficos, morfológicos, sintácticos, semánticos o léxicos. La realidad es que estas cuestiones no son el principal foco del autor a la hora de redactar el contenido. Y es lógico que así sea.

Estos son algunos ejemplos de la tarea minuciosa que hace un corrector al leer y analizar cada oración de tu manuscrito:

  1. En el plano gráfico. La puntuación es solo uno de los puntos a considerar. En el caso de la coma, su uso apropiado llevará al lector a interpretar exactamente lo que has querido expresar.

Por ejemplo:

Pedro logró su objetivo, felizmente.

Pedro logró su objetivo felizmente.

Ambas oraciones son correctas, pero no expresan la misma idea.

Además, si se presta atención al uso de la tilde, un simple monosílabo podría confundir al lector.

Por ejemplo:

Si existía un secreto, era mi problema.

Sí, existía un secreto, era mi problema.

La tilde en “sí” y la coma cambian el significado de la segunda oración.

  1. En el plano morfológico. ¡Cuidado con las conjugaciones verbales! Un error común, porque suele oírse en la oralidad, es utilizar el pretérito imperfecto de subjuntivo en lugar del pretérito perfecto simple o del pretérito pluscuamperfecto de indicativo.

Por ejemplo:

Incorrecto: En el pueblo, ya nadie recordaba al que *fuera sacerdote.

Correcto: En el pueblo, ya nadie recordaba al que había sido sacerdote.

  1. En el plano sintáctico. El orden incorrecto de algunas palabras en la oración hace que la idea sea confusa.

Por ejemplo:

Incorrecto: Mi perro, un labrador juguetón, *su energía nos sorprende.

Correcto: Mi perro, un labrador juguetón, tiene tanta energía que nos sorprende.

  1. En el plano semántico. Los casos de ambigüedad generan confusión en el lector.

Por ejemplo:

Incorrecto: Pablo reparó la estufa del departamento de Jorge *con sus herramientas.

Correcto: Pablo reparó con sus herramientas la estufa del departamento de Jorge.

  1. En el plano léxico. No deberían utilizarse varias palabras que rimen en una prosa, ya que molestan (es fácil detectarlas cuando se lee el texto en voz alta), lo mejor es reemplazarlas por sinónimos.

Por ejemplo:

*La información generó conmoción en la habitación.

Será una oportunidad para seguir creciendo como escritor

Gabriel García Márquez dijo una vez: «… mi ortografía me la corrigen los correctores de pruebas. […] si cometo pocos errores gramaticales es porque he aprendido a escribir leyendo al derecho y al revés a los autores que inventaron la literatura española y a los que siguen inventándola porque aprendieron con aquellos. No hay otra manera de aprender a escribir».

Los grandes escritores se caracterizan por la humildad, saben que nunca dejan de aprender. ¡Del proceso de corrección también se aprende! El conocimiento que adquieras por haber trabajado con tu corrector se verá reflejado en tu próxima obra. ¡Habrá sido una gran inversión!

Si ya tenés listo tu manuscrito y te gustaría que evaluáramos su corrección, ¡no dudes en contactarnos! Podés hacerlo completando el formulario en la sección PRESUPUESTO.

¡Te deseamos éxitos y una feliz publicación!